La Plaza de Santa María es el punto de partida de la visita a la villa. Desde sus miradores podemos contemplar las potentes murallas medievales, alzadas por los musulmanes y reforzados por los cristianos, para proteger el espacio urbano intramuros, hoy día despoblado.

Aquí se levanta con imponente figura, la Iglesia de Santa María la Mayor, primera y principal iglesia parroquial, de traza gótica. Posteriormente es ampliada su capilla mayor, en el Renacimiento, por Francisco del Castillo. Finalizándose en el siglo XVIII con la construcción de su sobresaliente campanario.

Ascendiendo a la cumbre del cerro, llegamos a uno de los castillos más importante y mejor conservados de la provincia. De alcázar islámico o Hisn al-Qabdaq, como lo denominan las fuentes árabes, pasa a ser fortaleza de la Orden Militar de Calatrava, para lo cual se llevan a cabo una serie de transformaciones, no solo para adecuarla a la vida conventual de los freires, sino para potenciar su carácter de infranqueable o inexpugnable.

Tras bajar del castillo y de nuevo en la Plaza de Santa María, nos dirigimos a la Iglesia de San Pedro, segunda Iglesia Parroquial del s. XVI proyectada por Francisco del Castillo, de planta de salón de tres naves, cubiertas por bóvedas vaídas, muy características del genial arquitecto del Renacimiento, Andrés de Vandelvira.

Ascendiendo por la calle Campiña llegamos hasta la Plaza 28 de Febrero, centro neurálgico de la villa y testigo de los grandes acontecimientos sociales y culturales. En ella se localiza la Casa Consistorial, de estilo Barroco, custodiado por la figura de San Miguel, su patrón. Adosado a él el Arco de la Villa, que era la puerta principal de acceso a la ciudad medieval. Desde la plaza visitaremos la expansión urbanística que adquirió el municipio entre los siglos XVI al XVIII, y donde se encuentran edificios civiles y religiosos de muy diversos estilos, que engalanan y embellecen las calles de su casco histórico, como la Ermita de la Aurora, edificada en el s. XVII bajo la direción de José Gallego. Hasta 1921fue servida por frailes de la orden de los carmelitas descalzos, y hoy día convertida en bar-cafetería. Aquí podremos hacer un alto en la visita y tomar un refrigerio en los bares-cafeterías existentes.

Ya repuestos, subiremos por la calle Llana donde se localizan varias casas palaciegas, que muestran su poder económico a través de la construcción de pequeños palacetes, ejemplo de ello son la Casa de los Leones, la Casa de Alcalá Zamora y al final de la C/ Torres Ortega la casa popularmente conocida como de "la Baronesa".

Desde aquí, nos encaminamos hacia la Iglesia de la Encarnación o del Carmen. Es el único edificio que se conserva del desaparecido convento de carmelitas, del que toma el nombre, en cuyo interior, podemos apreciar magníficos ejemplos de la imaginería que procesiona por las calles de la villa en Semana Santa. Adosada a ella, esta la Plazoleta del Carmen, cuyo trazado puede identificarse con parte del claustro del convento. En ella podemos ver el diseño neoclásico del edificio de los Juzgados, a modo de templete griego.

Discurriendo por la calle del Carmen, principal vía de comunicación entre el casco antiguo y el nuevo Alcaudete, y tras discurrir por algunas de las calles más populares, como es la del Agua y Magañas, llegamos hasta el Convento e Iglesia de Santa Clara, congregación de monjas Clarisas que viven en clausura, donde destaca la impresionante portada barroca de su iglesia conventual, flanqueada por columnas salomónicas.

Continuando nuestro recorrido por la calle Carnicería, en la cual se sitúan varios edificios de raigambre, fruto de la expansión del municipio extramuros de la urbe medieval: como son el Antiguo hospital de la Misericordia, la casa de los Condes, etc.; alcanzamos de nuevo la Plaza y desde ahí podemos llegar hasta nuestro punto de partida.

 

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